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La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Traducción de Santos Santamarta del Río, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA
LIBRO III
CAPÍTULO I
Adversidades que sólo temen los malvados y que siempre ha padecido el mundo cuando ha dado culto a los dioses
Creo haber expuesto ya suficientemente, refiriéndome a los males morales y espirituales (los primeros que se deben evitar), cómo los dioses falsos no han puesto ningún interés en ayudar a su pueblo que los adoraba, para que no se derrumbara bajo ese cúmulo de maldades. Más: han contribuido a que sucumbiera definitivamente. Ahora voy a hablar solamente de aquellos males que los paganos se niegan a sufrir, como son el hambre, la enfermedad, la guerra, el pillaje, la cautividad, las torturas y otros por el estilo, ya citados en el libro primero. Los malvados sólo tienen por malo lo que no pervierte a nadie. En cambio, no les da ningún apuro ser ellos mismos malos, entre los bienes que alaban. Incluso llegan a sentir mayor desazón si su casa de campo no es buena, que si no lo es su propia vida, como si el supremo bien del hombre fuera tener todas sus cosas en buen estado, exceptuada la propia persona. Pero sus dioses no los preservaron ni de estos males, los únicos temibles para ellos, en la época de plena libertad para su culto.