La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. No hay cuerpo alguno -dicen nuestros adversarios-capaz de sentir dolor sin que le aceche la muerte. ¿Cómo sabemos esto? En realidad, ¿quién nos asegura que los demonios sufren en sus cuerpos cuando declaran que pasan agudos tormentos? Se me puede replicar: no existe cuerpo alguno terreno, sólido y visible; no existe, en una palabra, carne alguna capaz de sentir el dolor sin la posibilidad de morir. Pues bien, ¿qué se está expresando aquí sino un dato recogido por los sentidos y la experiencia corporal? Ellos no conocen, efectivamente, otra carne más que la mortal; y como todo su raciocinio estriba en la experiencia personal, lo que ellos no han experimentado lo tienen por absolutamente imposible.