La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 2. Se fijan estos nuestros contradictores que por ahora no existe carne alguna que, pudiendo sufrir, su muerte no sea posible. Pero no reparan que hay aquí algo que supera el cuerpo: el alma, cuya presencia vivifica el cuerpo y lo rige. Ella puede sentir el dolor y, sin embargo, no puede morir. He aquí que hemos dado con un ser que, teniendo la sensación de dolor, es inmortal. Sucederá entonces en el cuerpo de los condenados exactamente lo mismo que ahora sucede en el alma de todos.