La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Ésta es también la explicación que se da de la fuente de los garamantes, cuyo único manantial es gélido durante el dÃa y hierve de noche, propiedad la suya siempre molesta a quien la toca. Esta razón igualmente para aquella otra fuente que, frÃa al tacto, apaga como las demás una tea encendida, pero se diferencia extrañamente de las demás en que enciende una tea apagada. Esto mismo cabe decir de la piedra de asbesto, que sin tener fuego alguno por sà misma, una vez encendida con fuego ajeno, arde sin que se la pueda apagar. Esto mismo también de los demás fenómenos que serÃa enojoso volver a repetir, con unas extrañas propiedades a primera vista contra naturaleza sin que de ellos se dé otra explicación que la de afirmar que asà es su naturaleza. ¡Breve explicación ésta, lo reconozco, y una respuesta suficiente!