La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero como nuestros adversarios no dan crédito a la Escritura, donde se lee cómo vivía el hombre en el Paraíso y cuán ajeno estaba a la necesidad de morir -si creyeran en la Escritura no merecía la pena molestarse tanto en tratar con ellos sobre el futuro castigo de los condenados-, será preciso utilizar algunas citas de sus más sabios autores. Ellas nos demostrarán cómo es posible a un ser cualquiera manifestarse de una forma distinta a como se había dado a conocer según las leyes de su naturaleza.