La Ciudad de Dios

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Éste es el mismo Dios que ha realizado todas las maravillas de este mundo, grandes y pequeñas, mencionadas más arriba, y un número incomparablemente mayor que no hemos mencionado. A todas ellas las situó en el mismo y único mundo, que es por sí mismo el mayor de todos los milagros. Elija, pues, cada uno la sentencia que más le plazca de las dos: que el gusano se refiera propiamente al cuerpo y figurativamente al alma, usando de un paso metafórico de lo corporal a lo incorpóreo. Cuál de estas dos sentencias es la verdadera nos lo pondrá en claro la realidad misma, cuando el conocimiento de los santos sea tan perfecto que para conocer tales tormentos no les será preciso experimentarlos. Les bastará con su sola sabiduría, entonces colmada y perfecta, para conocer incluso estas realidades. Ahora, es cierto, limitado es nuestro saber hasta que llegue la perfección19. Pero al menos rechacemos enérgicamente la creencia en unos futuros cuerpos de tal naturaleza que no puedan ser atacados por el dolor del fuego.

CAPÍTULO X

¿Puede el fuego del «horno», si es corporal, quemar por contacto a los espíritus malignos, es decir, a los demonios incorpóreos?


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