La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios El sentimiento humano hace desviarse de muy distintas maneras la compasión de tales cristianos. Estiman temporales los suplicios de los hombres condenados en aquel juicio y, en cambio, la felicidad será -dicen- eterna para todos, liberados unos más pronto, otros más tarde. Si la bondad y la verdad de esta sentencia radican en la compasión, cuanto más compasiva sea, tanto será más verdadera y mejor. Extiéndase, por lo tanto, y fluya la fuente de esta misericordia hasta los ángeles condenados, y que sean liberados de sus penas al menos después de muchos y larguísimos siglos, todo lo prolongados que se quiera. ¿Por qué ha de estar manando para toda la naturaleza humana, y al llegar a los ángeles se va a agotar de pronto? La verdad es que no se atreven a extender más su compasión y llegar incluso hasta el mismo diablo. Porque si alguien se atreviera, llevaría ventaja, sin duda, sobre los anteriores. Sin embargo, caería en un error tanto más exagerado y opuesto al recto sentido de la palabra de Dios cuanto mayor sentimiento de clemencia cree tener.
CAPÍTULO XVIII
La intercesión de los santos -según otra opinión- librará a todos los hombres de la condenación