La Ciudad de Dios

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Sospechan nuestros adversarios para sus adentros que la divina Escritura se calló este indulto para que muchos, ante el temor de unas torturas eternas o muy prolongadas, vuelvan al buen camino, y haya quienes puedan orar por los que sigan sin corregirse. Y, sin embargo, no creen que la divina palabra haya pasado totalmente esto en silencio. Efectivamente -continúan, ¿a qué viene este pasaje: ¡Qué bondad tan grande la tuya, Señor; la tienes escondida para los que te temen!36, si no es para hacernos caer en la cuenta de que toda la inmensa y secreta bondad de la divina misericordia ha sido escondida para hacer brotar en nosotros el temor? Añaden, además, que el Apóstol dijo con este mismo motivo: Porque Dios los encerró a todos en la incredulidad para tener misericordia de todos37, queriendo significar con ello que nadie será por Él condenado.

Pero los partidarios de esta sentencia no amplían su parecer hasta la liberación o la ausencia de condenación del diablo y sus ángeles. Se sienten conmovidos solamente por una compasión humana, dirigida a los hombres únicamente, pero, sobre todo, saliendo en defensa de su propia causa con una pretendida amnistía general de Dios a todo el género humano, prometiendo a sus perdidas costumbres una engañosa impunidad. Pero, lógicamente, se verán sobrepasados en poner por las nubes la misericordia de Dios por aquellos que prometen una tal impunidad al príncipe de los demonios con sus satélites.


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