La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Esta misma finalidad aseguran llevar las palabras diarias de petición de la oración dominical: Perdónanos nuestras deudas asà como nosotros perdonamos a nuestros deudores44. En efecto, todo el que perdona y olvida un pecado a otro que le ha ofendido, sin duda alguna está haciendo una limosna. El mismo Señor nos inculcó esta práctica con insistencia en aquellas palabras: Pues si perdonáis sus culpas a los demás, también vuestro Padre os perdonará las vuestras. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros45. A esta clase de limosna pertenece, por lo tanto, lo que dice Santiago de que tendrá un juicio sin misericordia quien no practicó la misericordia. Y no habló el Señor -prosiguen éstos- de pecados grandes o pequeños, sino simplemente: Vuestro Padre os perdonará los pecados si también vosotros perdonáis a los demás.
Es ésta la razón por la que, según este sentir, incluso aquellos que hayan llevado una vida escandalosa hasta el último momento irán recibiendo, dÃa tras dÃa, en virtud de esta oración, el perdón de todos sus pecados, igual que dÃa tras dÃa se recita esta oración, cualquiera que sea su naturaleza y su gravedad. Sólo hace falta tener presente una condición: que cuando piden perdón de sus pecados, perdonen ellos de corazón a quienes les hayan hecho alguna ofensa.