La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios No hay duda, esta sentencia del Apóstol es falsa si esta clase de hombres, liberados después de un tiempo, todo lo prolongado que se quiera, llegan a poseer el reino de Dios. Pero como no es falsa, no hay duda de que no llegarán a poseerlo. Ahora bien, si jamás heredarán el reino de Dios, es que estarán detenidos en el eterno suplicio; no existe un lugar intermedio fuera de la herencia del reino y fuera también de los tormentos.
2. Con razón nos preguntamos cómo hay que entender las palabras de Jesús: Éste es el pan que ha bajado del cielo para comerlo y no morir. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre76. Los adversarios a quienes ahora estamos respondiendo quedan refutados por los mismos a quienes luego responderemos. Estos últimos aseguran la liberación de las penas del Infierno no a todos los bautizados ni a todos los que han recibido el cuerpo de Cristo, sino únicamente a los católicos, aunque vivan mal. La razón es el haber recibido el cuerpo de Cristo no sólo sacramentalmente, sino realmente, estando incorporados en Él. Es el mismo cuerpo del que dijo el Apóstol: Como hay un solo pan, aun siendo muchos formamos un solo cuerpo77. Luego el que forma parte de la unidad de ese cuerpo, es decir, el que es miembro de ese organismo integrado por los cristianos, que comulgan habitualmente del altar en el sacramento de su cuerpo, ése es de quien puede decirse que come el cuerpo de Cristo y bebe su sangre.