La Ciudad de Dios

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CAPÍTULO XXV

Los bautizados en el seno de la herejía y que con el tiempo han corrompido su vida; los regenerados en la Iglesia Católica y luego se han pasado a la herejía o al cisma; los bautizados en el catolicismo y que de él no se han separado, pero su vida ha sido desordenada hasta el final; todos éstos, ¿podrán esperar el indulto del eterno suplicio como una gracia dimanada de los sacramentos recibidos?

1. Demos igualmente una réplica, no ya a los que prometen la liberación del fuego eterno al diablo y sus ángeles -como tampoco estos últimos se lo prometen-, pero ni siquiera a todos los hombres. Ahora nos dirigimos contra aquellos que únicamente se la prometen a los purificados con el bautismo de Cristo que han participado en el banquete de su cuerpo y sangre, aunque hayan vivido de cualquier manera y hayan incurrido en cualquier herejía o impiedad. Es el Apóstol quien les contradice: Las acciones que proceden de los bajos instintos son conocidas: lujuria, inmoralidad, libertinaje, idolatría, magia, enemistades, discordia, rivalidad, arrebatos de ira, egoísmos, partidismos, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que se dan a eso no heredarán el reino de Dios75.


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