La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 6. Las palabras del Apóstol: Dios los encerró a todos en la incredulidad para tener misericordia de éstos, no significan que nadie será condenado. Su sentido queda aclarado con lo expuesto arriba. El Apóstol hablaba a los gentiles acerca de los judíos que habían de venir a la fe en el futuro, y sus cartas se las dirigía a los que ya creían: Vosotros -dice él-, que antes os negabais a creer en Dios, a través de su incredulidad habéis obtenido misericordia: lo mismo ellos ahora se niegan a creer en vuestra misericordia, para que así también ellos, a su vez, puedan conseguir misericordia73. Y añade a continuación las palabras en las que ellos equivocadamente se complacen: Dios los encerró a todos en la incredulidad para tener misericordia de todos. ¿A quién se refiere este «todos» sino a los dos grupos de quienes venía hablando, como si dijera: «vosotros y ellos»? Dios, que tenía conocidos y predestinados tanto a los gentiles como a los judíos para hacerlos semejantes a su Hijo74, los encerró a todos en la incredulidad para que, confusos y arrepentidos de la amargura de su infidelidad, se volviesen por la fe hacia la bondad de la misericordia divina y pudiesen cantar con el salmo: ¡Qué bondad tan grande la tuya, Señor; la tienes escondida para los que te temen, y la colmas con los que esperan, no en sí mismos, sino en Ti! Él se compadece de todos los que son objeto de misericordia. ¿A quién se refiere este «todos»? No precisamente a todos los hombres, sino a aquellos, tanto gentiles como judíos, que Él ha predestinado, llamado, justificado y glorificado, entre los cuales no habrá ningún condenado.