La Ciudad de Dios

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Finalmente, dice el mismo Cristo: El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él83. Aquí manifiesta lo que es comer no sólo sacramentalmente, sino realmente, el cuerpo de Cristo y beber su sangre. Esto es, en efecto, permanecer en Cristo para que Cristo permanezca en él. La frase equivale a esta otra: «El que no permanece en mí ni yo en él, que no diga ni crea que come mi cuerpo o bebe mi sangre». No permanecen, por lo tanto, en Cristo quienes no son sus miembros. Y no son miembros de Cristo los que se hacen miembros de meretriz, a no ser que con la penitencia hagan desaparecer ese mal y vuelvan a este bien por la reconciliación.

CAPÍTULO XXVI

Alcance de las palabras: «Tener a Cristo como fundamento», y de: «Salvarse como quien pasa por un incendio»

1. Pero los cristianos católicos -argumentan nuestros adversarios- tienen a Cristo por fundamento, de cuya unidad no se han separado, por más que con una vida de lo más corrompida hayan edificado encima leña, heno, paja84. Aunque con sufrimiento, les podrá salvar algún día de la eternidad de aquel fuego su recta fe, gracias a la cual Cristo es el fundamento, puesto que todo lo que han edificado sobre él quedará abrasado.


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