La Ciudad de Dios

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2. Tratemos de encontrar quién se puede salvar como quien escapa de un incendio si antes encontramos el significado de tener a Cristo como fundamento. Aclaremos en seguida, continuando con la misma imagen: en un edificio nada se pone antes que el fundamento. Por consiguiente, quien tiene a Cristo en su corazón de tal manera que antes que Él no pone nada terreno ni pasajero, ni siquiera lo que es lícito y nos está permitido, ése tiene a Cristo como fundamento. Pero si alguna cosa la pone con preferencia, a pesar de que parezca tener fe en Cristo, en ése el fundamento no es Cristo, ya que está pospuesto a esas realidades. ¡Cuánto más ha dejado de poner en primer lugar a Cristo, más aún, evidentemente lo ha pospuesto quien, despreciando los saludables mandamientos, practica obras ilícitas, dejando a un lado a Cristo que manda o permite para entregarse a sus pasiones cometiendo toda clase de desórdenes, en contra de lo mandado o permitido por Cristo! Si un cristiano ama a una meretriz y se une a ella, se hace un solo cuerpo con ella87: éste ya no tiene a Cristo como fundamento. Pero si alguien ama a su esposa, y lo hace según Cristo88, ¿quién pondrá en duda que Cristo está en el fundamento? Pero si la ama según este mundo, por puro instinto, siguiendo los impulsos desordenados de la pasión, al estilo de los paganos que desconocen a Dios89, incluso esto lo tolera el Apóstol por condescendencia, y, por las palabras del Apóstol, Cristo. Puede también éste tener a Cristo como fundamento. Porque si no antepone a Cristo este afecto pasional, aunque esté edificando encima madera, heno o paja, Cristo es el fundamento, y por Él se salvará como pasando por el fuego. De hecho, el fuego de la tribulación consumirá esta clase de placeres y los amores terrenos, no condenables en razón de la unión conyugal. A este fuego pertenecen las pérdidas de los seres queridos y todas las calamidades que privarán de tales placeres. De ahí que lo edificado se le vuelve perjudicial a su constructor, porque se queda sin lo edificado y le atormenta la pérdida de lo que constituía su gozo al disfrutarlo. Pero de este incendio se salvará gracias al fundamento, puesto que si un supuesto perseguidor le propusiese elegir entre Cristo y esos placeres, ocuparía Cristo el primer lugar.


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