La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 4. Después de la muerte de este cuerpo, hasta la venida de aquel día final de premio y de condenación, que tendrá lugar después de la resurrección de los cuerpos, las almas de los difuntos durante este intervalo, según el parecer de algunos, sufren esta clase de fuego no sufrida por los que no tuvieron tal clase de conducta y de amores durante la vida de este cuerpo, de manera que se consuma su leña, su heno o su paja; los otros, sin embargo, sí lo sufrirán, puesto que llevan consigo edificaciones de esta materia mundana, aunque sean veniales, no dignas de condenación; sufrirán tal vez allá solamente, o quizá allá y acá, o acá sin tener que hacerlo allá; será un fuego abrasador, de sufrimiento pasajero. Pues bien, esta opinión no la quiero rechazar, porque quizá es verdadera.