La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero su prueba consiste en que a unos no les quema ni les consume el edificio levantado sobre Cristo como cimiento; a otros, en cambio, lo contrario: el edificio sobre él levantado arderá y les causará perjuicio, salvándose, no obstante, ellos, porque mantuvieron a Cristo con firmeza en el fundamento con una caridad preferente. Y si se salvan, con toda seguridad han de estar a la derecha y escuchar con los demás: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros; no a la izquierda, donde se situarán los que no sean salvos, quienes tendrán que escuchar: Apartaos de mÃ, malditos, id al fuego eterno. Nadie de este grupo se librará de aquel fuego, porque irán al suplicio eterno97, donde el gusano no morirá y el fuego no se extinguirá98. En él serán atormentados dÃa y noche por los siglos de los siglos99.