La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 3. Supongamos que en este pasaje queremos ver aquel fuego del que dirá el Señor a los de su izquierda: Apartaos de mÃ, malditos, id al fuego eterno94; y que entre ellos estén también los que edifican sobre el fundamento leña, heno, paja, y que de este fuego, tras un tiempo proporcionado a sus merecimientos, se vean libres gracias al mérito de este buen fundamento. ¿Quiénes son entonces los de la derecha, a quienes se dirá: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros95, sino los que han edificado sobre el fundamento oro, plata y piedras preciosas? Pero en este caso hay que enviar tanto a los de la izquierda como a los de la derecha al fuego del que se dijo: Pero será como quien pasa por un incendio. Unos y otros deben ser probados por aquel fuego aludido por estas palabras: Aquel dÃa la pondrá de manifiesto, porque aquel dÃa amanecerá con fuego, y el fuego pondrá de manifiesto la calidad de cada obra96. Si, pues, el fuego pondrá a prueba a unos y otros, de manera que la obra que resista -que no sea consumida por el fuego- edificada sobre el cimiento merezca recompensa; y, en cambio, la que se queme quedará perdida; quiere esto decir, sin lugar a dudas, que ese fuego no es eterno. Porque al eterno serán arrojados por la definitiva y eterna condenación únicamente los de la izquierda, y éste otro pone a prueba a los de la derecha.