La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero hay otra clase de hombres, los que aman al padre, a la madre, a sus hijos e hijas según Cristo, inculcándoles la consecución de su reino y el estarle a él unidos, amándolos por ser miembros de Cristo. ¡Lejos de nosotros pensar que un tal afecto se encuentre entre la leña, el heno y la paja, llamados a consumirse! Tiene el rango de una construcción de oro, plata y piedras preciosas. ¿Cómo va a amar con más intensidad que a Cristo a los seres que ama por Cristo?
CAPÍTULO XXVII
Réplica de quienes piensan que no les perjudicarán los pecados cometidos hasta el final de la vida, porque al mismo tiempo hacían limosnas