La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 2. Me parece bien que recomienden hacer limosnas proporcionales por sus pecados. La verdad es que, si dijeran que cualquier limosna hecha por los pecados diarios, graves y reiterados por la más inveterada costumbre, podÃa alcanzar la divina misericordia, de forma que se siguiera su remisión diaria, caerÃan en la cuenta de estar afirmando algo absurdo y ridÃculo. Se verÃan obligados a confesar que un millonario, por ejemplo, gastando unos cuartos diarios en limosnas, podrÃa satisfacer por sus homicidios, adulterios y otros crÃmenes cualesquiera. Si una tal afirmación es de lo más inconcebible y desvariada, podrÃamos preguntarnos qué limosnas guardan proporción con los pecados, a las que aludÃa el ilustre precursor de Cristo: Haced obras que demuestren vuestro arrepentimiento104. Sin género de duda no hace tales limosnas el que dÃa tras dÃa, hasta la muerte, abruma su propia vida cometiendo delitos. Sobre todo porque al robar, por ejemplo, los bienes ajenos saquean mucho más de lo robado, y de todo ello no dan más que una mÃnima parte a los pobres, con lo que creen estar alimentando asà a Cristo, hasta el punto de haberle comprado, o de estarle comprando cada dÃa la licencia de malhechores, creyéndose impunes en la comisión de toda clase de desmanes.