La Ciudad de Dios

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Si por un solo delito repartieran toda su hacienda entre los miembros necesitados de Cristo, pero no cesaran de cometer tales hechos, viviendo la caridad, que nunca obra mal, de nada les podría servir105. El que hace limosnas apropiadas a sus pecados comience por hacérselas a sí mismo. Es injusto que no haga nada por sí mismo quien lo hace por el prójimo, cuando en sus oídos resuena la voz del Señor: Amarás a tu prójimo como a ti mismo106; y aquellas otras palabras: Compadécete de tu alma agradando a Dios107. ¿Cómo vamos a decir que hace limosnas en proporción a sus pecados el que no hace a su alma la limosna de agradar a Dios? Sobre esto mismo está bien escrito: El que es malo consigo, ¿con quién será bueno?108 Las oraciones, de hecho, dan eficacia a la limosna, y hemos de fijarnos bien en aquellas palabras: Hijo mío, ¿has pecado? No lo repitas, y reza por los pecados pasados para que se te perdonen109. Ésta es la razón de la limosna: el que, cuando rezamos por los pecados pasados, seamos escuchados; pero no para seguir en ellos y creer que con esa limosna podremos comprar la licencia de hacer el mal.






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