La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 3. El Señor predijo que tendría en cuenta a los de la derecha las limosnas que hicieron, a los de la izquierda las que omitieron, para dar a entender cuánto valor tiene la limosna en orden a borrar los pecados pasados, nunca para cometerlos impunemente y sin medida en adelante. Hemos de decir que no practican esta clase de limosna quienes no quieren mejorar su vida dejando sus viciadas costumbres. En aquellas palabras: Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de estos más humildes, conmigo dejasteis de hacerlo110, manifiesta que ésos no lo hacen incluso cuando creen que lo están haciendo. En efecto, si a un cristiano le dan un trozo de pan por ser cristiano, no se negarían a sí mismos el pan de la justicia, que es Cristo. Porque Dios no mira a quién se da, sino con qué espíritu se da. Aquel, pues, que ama a Cristo en el cristiano le da una limosna con la intención de acercarse a Cristo, no con la de alejarse impune de Cristo. Y tanto más uno abandona a Cristo cuanto más uno ama lo que Cristo reprueba. ¿De qué le sirve a uno estar bautizado si no está justificado? ¿No es cierto que quien dijo: Si uno no vuelve a nacer del agua y del Espíritu Santo, no entrará en el reino de Dios111, ese mismo afirmó también: Si vuestra justicia no es mayor que la de los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos?112 ¿Por qué muchos, por miedo de lo primero, corren a bautizarse, y no hay muchos que, por miedo a lo segundo, procuren la justificación?