La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 4. La oración diaria que nos enseñó el mismo Jesús -de ahà su nombre de oración «dominical»- borra, cierto, los pecados cotidianos cuando diariamente se dice: Perdónanos nuestras deudas, y, además, cuando lo que sigue no solamente se dice, sino que también se lleva a la práctica: Asà como nosotros perdonamos a nuestros deudores115; pero esto lo rezamos porque cometemos pecados, no para cometerlos. Por esta plegaria el Salvador nos ha querido dar a entender que por muy santamente que vivamos en las tinieblas y debilidades de esta vida, nunca nos veremos exentos de pecados, y que debemos orar para que se nos perdonen; para ello hemos de perdonar a quienes pecan contra nosotros. Las palabras del Señor: Si perdonáis sus culpas a los demás, también vuestro Padre os perdonará a vosotros los pecados116, no están pronunciadas por el Señor para que, confiados en esta oración, cometamos desórdenes a diario sin temor alguno, sea a base de fuerza que nos permita zafarnos de las leyes humanas, sea a base de astucia por la que engañemos a los mismos hombres. Su finalidad es que por ella aprendamos a no creernos libres de pecados aunque estemos inmunes de crÃmenes.