La Ciudad de Dios

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5. En cambio, los que son recibidos por ellos en las moradas eternas, hemos de reconocer que no están dotados de una tal pureza de conducta que, para ser salvos, les sea suficiente su propia vida sin la intercesión de los santos, por lo cual la misericordia salta de júbilo -y en ellos mucho más- ante el juicio. A pesar de todo, no se piense que un hombre cargado de crímenes, cuya vida no se ha hecho en absoluto ni más buena ni siquiera más tolerable, sea recibido en las eternas moradas por haberse mostrado obsequioso con los santos a base de sus «injustas riquezas», es decir, con dinero y riquezas mal adquiridas, con riquezas falsas, las así llamadas por la injusticia, puesto que ignora cuáles son las auténticas riquezas, en las que abundan quienes reciben a otros en las moradas eternas. Hay una clase de vida no tan rechazable como para que le sea superflua la generosidad en la limosna con vistas a conseguir el reino de los cielos: ella puede dar sustento a los santos en su pobreza y convertirlos en amigos que les abran las puertas de las moradas eternas; pero no llega a ser esta vida tan buena que les baste para conseguir una felicidad tan elevada si no alcanzan misericordia de los amigos que se han ganado.





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