La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios (Siempre me ha impresionado el encontrar en la obra de Virgilio esta expresión del Señor: Ganaos amigos con el injusto dinero; asà os recibirán también ellos en las moradas eternas124; y esta otra, muy parecida: El que recibe a un profeta por ser profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo125. Al hacer el poeta una descripción de los campos ElÃseos, morada, según los paganos, de las almas bienaventuradas, no se contenta con colocar allà a los que por méritos propios han alcanzado aquellas moradas, sino que añade lo siguiente: «Y los que con sus servicios habÃan sembrado en otros el recuerdo de sà mismos», es decir, los que han prestado favores a otros y, les han hecho acordarse de ellos. Como si les dijeran lo que el cristiano tiene a flor de labios cuando un hombre humilde se encomienda a un santo: «Acuérdate de mû, realizando, además, alguna obra buena para dar más eficacia a la petición.)