La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Puestos a pensar en cuál sea esta vida y cuáles esos pecados que cierran la entrada en el reino de Dios, pero que por los méritos de los amigos santos alcanzan el perdón, he de afirmar que es en extremo difícil encontrarlo y muy arriesgado determinarlo. Yo reconozco que, a pesar de mis esfuerzos para descubrirlo, todavía no he dado con la respuesta. Quizá permanece oculto para evitar que el celo por avanzar se vuelva perezoso con relación a evitar todos los pecados. Si supiéramos de qué pecados o de cuántos había que buscarse y esperar la intercesión de los santos, aunque los pecados continuaran sin ser suprimidos por una mayor perfección de vida, la desidia humana se rodearía de seguridad, sin preocuparse de romper tales redes con la práctica de alguna virtud; buscaría únicamente su salvación en méritos de otros, hechos amigos suyos un día con las injustas riquezas repartidas generosamente en limosnas. Pero la realidad es que ignoramos cuál sea la medida del pecado que, aun con reincidencia mantenida, es digno de perdón. Esto nos lleva a poner un esfuerzo más vigilante hacia una mayor perfección, con oración incesante, y no se descuida el procurar amigos santos con el injusto dinero.
6. La liberación de que venimos hablando, fruto de las propias oraciones o de la intercesión de los santos, evita el ser arrojado al fuego eterno, pero no el que uno, si ha sido ya enviado a él, sea salvado después de un tiempo, todo lo largo que se quiera.