La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por tanto, cualesquiera filósofos que han reconocido al verdadero y supremo Dios como autor de las cosas creadas, luz de las cognoscibles y bien de las que han de practicarse, que es el principio de nuestra naturaleza, la verdad de nuestra doctrina y la felicidad de nuestra vida: ya sean los llamados propiamente platónicos o de cualquier otra denominación que hayan dado a su secta; sean sólo de la escuela jónica, que fueron los principales entre ellos, los que han tenido esta opinión, como el mismo Platón y los que mejor lo entendieron; o sean también los itálicos, teniendo presentes a Pitágoras y los pitagóricos, o también otros que ha podido haber de la misma opinión; sean cualesquiera de los tenidos por sabios y filósofos entre las otras naciones, los libios, del Atlántico, los egipcios, indos, persas, caldeos, escitas, galos, hispanos y demás: a todos los que hayan pensado así y enseñado estas doctrinas los anteponemos a los demás y confesamos que están más cercanos a nosotros.
CAPÍTULO X
Excelencia de la religión cristiana entre las disciplinas filosóficas