La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por consiguiente, después de esta cautividad, por la cual los hombres estaban bajo el señorío de los malignos demonios, se edifica la casa de Dios en toda la Tierra. De ahí el título del salmo, donde se dice: Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones; porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo24.
3. Quien lamenta, pues, la llegada de un tiempo en que fuera suprimido el culto de los ídolos y el señorío de los demonios sobre aquellos que los adoraban, anhelaba, llevado de mal espíritu, la permanencia indefinida de esa cautividad, tras cuyo paso canta el salmo que se edifica la casa en toda la tierra. Anunciaba aquello Hermes con pena; anunciaba esto el profeta con gozo. Y como es el Espíritu vencedor quien cantaba esto por la boca de los santos profetas, el mismo Hermes se vio precisado a confesar de modo bien maravilloso que los ídolos que él no quería y lamentaba fueran suprimidos habían sido instituidos no por varones prudentes, fieles y religiosos, sino equivocados, incrédulos y alejados del culto de la religión divina.