La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios En verdad que es demasiado absurdo pensar que los dioses que fabricaron los hombres tienen más poder ante los dioses que hizo Dios que los hombres que hizo el mismo Dios. Pues el demonio, vinculado con arte impÃa a un simulacro, ha sido convertido en dios; pero para tal hombre sólo, no para todo hombre. ¿Qué peso, pues, puede tener este dios, que no fabricarÃa el hombre sino equivocado, incrédulo y apartado del Dios verdadero? Además, si los demonios que son honrados en los templos, metidos no sé cómo en las imágenes, esto es, en los simulacros visibles, por los hombres que de esa manera fabricaron dioses, equivocados y alejados del culto y la religión divinos; si esos demonios no son mediadores e intérpretes entre los hombres y los dioses, ya por sus pésimas y depravadas costumbres, ya porque los hombres, aunque equivocados, incrédulos y alejados del culto y religión divina, son, sin duda, mejores que ellos, hechos dioses artificialmente por los mismos; no queda sino que todo lo que pueden lo pueden en calidad de demonios, ya concediendo beneficios tanto más nocivos cuanto más engañan, ya causando mal abiertamente.