La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Y aun cualquier cosa de éstas, sólo cuando y cuanto lo permite la profunda y secreta providencia de Dios, no porque, como intermedios entre los hombres y los dioses, tengan un gran valimiento ante los hombres por la amistad de los dioses. Es absolutamente imposible a los demonios ser amigos de los dioses buenos, que nosotros llamamos ángeles santos, criaturas racionales de la santa mansión del cielo, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades. De éstos están tan lejos por su disposición espiritual como los vicios de las virtudes y la malicia de la bondad.
CAPÍTULO XXV
Lo que pueden tener de común los ángeles y los hombres
Por tanto, no es por mediación, digamos, de los demonios como hemos de aspirar a la benevolencia o beneficencia de los dioses, o mejor de los ángeles buenos; debemos hacerlo por la semejanza de la buena voluntad, por la cual estamos con ellos, con ellos vivimos y con ellos adoramos al Dios que adoran, aunque no podemos verlos con los ojos de la carne.