La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Lo que parece que lamenta él es que las memorias de nuestros mártires sucedan a sus templos y capillas, de suerte que quienes con ánimo apartado de nosotros y perverso leen esto, piensen que los paganos adoraban a los dioses en los templos y nosotros adoramos a los muertos en los sepulcros. Tan alto sube la ceguedad de los hombres impíos que choca, por decirlo así, con las montañas, y no quieren ver lo que tienen ante los ojos, ni presentan atención al hecho de que en todos los libros de los paganos o no se encuentran, o no encuentran con dificultad dioses que no hayan sido hombres, a quienes muertos se les han tributado honores divinos.
Paso por alto lo que dice Varrón, esto es, que tienen por dioses Manes a todos los muertos; lo que demuestra por los ritos sagrados ofrecidos a casi todos los muertos, citando los juegos fúnebres como máximo indicio de la divinidad, pues no suelen celebrarse esos juegos sino en honor de las divinidades.