La Ciudad de Dios

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CAPÍTULO VIII

Definición de los dioses celestes, de los demonios aéreos y de los hombres terrenos dada por el platónico Apuleyo

¿Qué? ¿Merece alguna atención la definición que da de los demonios (donde abarcó ciertamente a todos, señalándolos bien) en que dice que los demonios son, por su linaje, vivientes; por su ánimo, pasibles; racionales por su mente; aéreos por el cuerpo; eternos por el tiempo? En las cinco propiedades citadas no ha dicho en absoluto que los demonios parezcan tener de común con los hombres, al menos buenos, lo que no hay en los malos.

Describe luego los hombres buenos con más extensión, hablando de ellos en su lugar como de los ínfimos y terrenos, después que había hablado de los dioses celestes; y habiendo citado las dos partes extremas, la superior y la inferior, habla en tercer lugar de los demonios intermedios. «Por tanto -dice-, los hombres célebres por su razón, dotados de lenguaje, con almas inmortales, miembros mortales, con costumbres desemejantes y errores parecidos, de audacia obstinada y de esperanza firme, de actividad estéril y de fortuna inestable, mortales individualmente, pero sucediéndose en conjunto siempre, perpetuándose, a su vez, en la prole, con su existencia fugitiva, tarda sabiduría, muerte rápida y vida quejumbrosa, habitan en la tierra».


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