Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III Ag: —No digo yo que asà pueda obtenerlo, sino que lo que él desea es vivir sin temor. Sin duda desea un bien el que desea vivir sin temor, y he aquà por qué este deseo no es culpable; de lo contrario tenÃamos que culpar a todos cuantos desean el bien. Nos vemos, por tanto, obligados a confesar que se dan homicidios en los que no hallamos como factor el deseo de hacer mal, y que es falso aquello de que la pasión constituya el fondo de la malicia de todo pecado; pues de otro modo se darÃa algún homicidio que pudiera no ser pecado.
Ev: —Si el homicidio consiste en matar a un hombre, puede darse alguna vez sin pecado. A mà no me parece que peque el soldado que mata a su enemigo, ni el juez o su ministro que da muerte al malhechor, ni aquel a quien involuntariamente y por fatalidad se le dispara la flecha.
Ag: —De acuerdo. Pero, de ordinario, a éstos no los llamamos homicidas. Asà que dime si el siervo que mata al señor de quien teme graves tormentos, debe ser o no incluido, según tú, en el número de los que matan a un hombre en circunstancias tales que de ningún modo debe dárseles el calificativo de homicidas.
Ev: —Veo que éste dista mucho de aquéllos, pues aquéllos lo hacen o en virtud de las leyes o contra la ley; en cambio, no hay ley alguna que justifique el homicidio de éste.