Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III 10. Ag: —Otra vez me remites a la autoridad como a razón última. Pero conviene tengas presente que lo que ahora nos preocupa es entender lo que creemos, Y puesto que damos crédito a las leyes, es preciso intentar ver, en la medida de lo posible, si las leyes que castigan este hecho, lo hacen o no con justicia.
Ev: —La ley no castiga injustamente cuando castiga al que a ciencia y conciencia mata a su señor, lo que no hace ninguno de los antes citados.
Ag: —¡Qué!, ¿acaso no te acuerdas de lo que poco ha dijiste: que en todo acto malo dominaba la pasión y que precisamente por eso era malo?
Ev: —Me acuerdo perfectamente.
Ag: —¿Y no acabas de conceder también que no es un deseo malo el deseo del que anhela vivir sin miedo?
Ev: —También lo recuerdo.
Ag: —Según eso, cuando el siervo mata a su señor por ese deseo, no lo mata por un deseo culpable. Por consiguiente, no hemos dado aún con el porqué de la malicia de este homicidio. Convenimos ambos en que toda acción mala no es mala por otra causa sino porque se realiza bajo el influjo de la pasión, o sea, de un deseo reprobable.
Ev: —Ya me parece ver que injustamente se condena a este siervo, lo que, a la verdad, no me atreverÃa a decir si tuviera alguna otra razón que dar.