Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III Ag: —Pero ¿no te lo probé ya, y no sin gran esfuerzo, en el curso de la discusión anterior, cuando tú me concediste que toda belleza y toda forma corporal eran un bien y que procedÃan de la forma suprema de las cosas, es decir, de la suprema verdad, y que en ella subsistÃan? Nuestros mismos cabellos están contados¹³, dice el Evangelio, que es la suma verdad. ¿O has olvidado ya lo que dijimos de la sublimidad del número y de su poder, que se extiende de uno al otro confÃn?
¿Quién puede suponer tal aberración del espÃritu, cual serÃa contar entre los bienes, incluso los más inferiores, nuestros mismos cabellos, y atribuirlos sin titubeos al autor y dador de todo bien, Dios, porque asà los bienes grandes como los más pequeños proceden de aquel de quien procede todo bien, y dudar, no obstante, de que es un bien la voluntad libre del hombre, sin la cual hasta los mismos perversos reconocen que no se puede vivir con rectitud?
Pero, además, dime, por favor, ¿qué te parece que es mejor en nosotros: aquello sin lo cual podemos vivir rectamente o aquello sin lo cual no podemos vivir bien?
Ev: —¡Oh!, sÃ, perdona. Me avergüenzo de mi ceguera, porque ¿quién duda, en efecto, que es mucho mejor aquello sin lo cual nadie puede vivir rectamente?
Ag: —¿Negarás ahora que un hombre a quien le falta un ojo puede vivir rectamente?
Ev: —Lejos de mà demencia tan grande.