Libre Albedrio - BAC - Libro III

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Ag: —Porque, si no me engaño, tú no obligarías a pecar a nadie por el simple hecho de que previeras que había de pecar, pues, de lo contrario, no preverías que había de cometer tal pecado. Así, pues, como no se oponen estas dos cosas, a saber, el que por tu presciencia conozcas lo que otro ha de hacer por su propia voluntad y el hecho de obrar él libremente, así Dios, sin obligar a nadie a pecar, prevé, sin embargo, quiénes han de pecar por su propia voluntad.

11. ¿Por qué, pues, no ha de castigar como justo juez el mal que no obliga a cometer, no obstante conocerlo de antemano? Así como tú con tu memoria de las cosas no obligas a ser a las cosas que ya fueron, del mismo modo Dios, con su presciencia, no obliga a que se haga lo que realmente se ha de hacer. Y así como tú te acuerdas de algunas cosas que has hecho y, no obstante, no has hecho todo aquello de que te acuerdas, así también Dios prevé todas las cosas, de las que él mismo es el autor, y, no obstante, no es el autor de todo lo que prevé. Pero de las cosas que no es malhechor es, sin embargo, justo vengador. De aquí puedes entender ya por qué razón o con qué justicia castiga Dios los pecados: porque no es él el autor del mal futuro que prevé.

Si por el hecho de que prevé que los hombres han de pecar, no los hubiera de castigar, tampoco debería premiar a los que obran; y esto por la misma razón: porque también prevé que han de obrar bien.


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