Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III 26. Podrá parecerle poco inteligible lo que acabo de decir, y tendrá aún una objeción: «Si nuestra desgracia contribuye a la perfección del universo, hubiera faltado algo a esta perfección en el caso de que todos fuéramos bienaventurados para siempre. Y si el alma no se hace desgraciada sino por el pecado, síguese que también son necesarios nuestros pecados para la perfección del universo que Dios ha creado. ¿Cómo puede entonces castigar justamente los pecados, si, de no haberse cometido, no hubiera sido su obra plena y perfecta?»
A esto se contesta diciendo: No son necesarios a la perfección del universo los pecados y la desgracia. Lo son las almas en cuanto son almas, las cuales, si quieren pecar, pecan, y si pecan se hacen desgraciadas. Si, absueltas de sus pecados, perseverara en ellas la desgracia, o a ellas sobreviniera aun antes de pecar, entonces se diría con razón que hay desorden en el conjunto y en el gobierno del mundo. A su vez, si se cometen los pecados y no se sancionan con la desgracia, en este caso es cuando la iniquidad perturbaría el orden.
Cuando a los que no pecan se les premia con la bienaventuranza, entonces es perfecto el orden universal. Y porque no faltan almas pecadoras, a cuyo pecado sigue la infelicidad, ni almas a cuyas buenas obras sigue la dicha, por eso es siempre perfecto el universo con todas sus criaturas.