Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III Estos dos extremos no los separa distancia alguna temporal, como los separaría en el caso de que en un tiempo no hiciera lo que debía hacer y en otro padeciera lo que debía padecer, para que de esta manera ni por un solo instante sufra menoscabo el orden universal, como lo sufriría si existiera el desorden del pecado sin el orden del castigo correspondiente. Cierto que al presente queda totalmente escondido el castigo, que se reserva para el juicio futuro, donde se pondrá de manifiesto la justicia de Dios y el terrible sentimiento de la desgracia.
Así como el que no vigila, duerme, así el que no hace lo que debe, sin intervalo de tiempo padece lo que debe; porque es de tal calidad la bienaventuranza aneja a la justicia, que no puede nadie separarse de ella lo más mínimo sin dar en la desgracia.
Por consiguiente, cualesquiera que sean los defectos de la naturaleza, o los seres que fenecen no han recibido una existencia más duradera —y entonces no hay culpa en ellos, como no la hay tampoco por no haber recibido un ser más perfecto—, o no quieren ser lo que podrían ser si quisieran, y para lo cual recibieron el ser, y en este caso, como es un bien lo que rehúsan, implica culpa el rehusarlo.
Dios no es cómplice de nuestros pecados