Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III De suerte que, si la bienaventuranza consistiese para nosotros en la elocuencia y se considerase como un pecado el quebrantar las leyes de la pronunciación, como se considera un pecado la violación de las leyes del orden moral, a nadie se le inculparía su infancia por haber partido de ésta para conseguir la elocuencia; pero, evidentemente, sería culpado con toda justicia si por su mala voluntad hubiera vuelto a los defectos de la infancia o hubiera querido permanecer en ellos.
Del mismo modo, si la ignorancia de la verdad y la dificultad de tender hacia el bien es natural al hombre y de ahí debe partir para conseguir la felicidad de la sabiduría y de la quietud, nadie le reprochará esa partida desde el principio natural. En cambio, si no quisiera progresar o quisiera volver a retroceder a los principios, con justicia y razón se vería obligado a sufrir la pena debida a su pecado.
65. Mas, por lo que toca a su Creador, siempre y en todo caso es digno de alabanza, ya sea que desde los comienzos haya dado él la capacidad de ascender hasta el bien sumo, ya sea que le ayude en sus progresos, o que perfeccione y corone al que no ha cesado de progresar, o que, finalmente, aflija con merecidos y justos castigos al pecador, es decir, al que rehúsa elevarse a la perfección desde sus comienzos imperfectos o al que retrocede después de haber hecho ya algunos progresos.