Facundo
Facundo P.—¿Cuántos sacerdotes se han ordenado?
R.—En la ciudad sólo dos mocitos: uno es clérigo cura, otro es religioso de Catamarca. En la provincia, cuatro más.
P.—¿Hay grandes fortunas de a cincuenta mil pesos? ¿Cuántas de veinte mil?
R.—Ninguna; todos pobrÃsimos.{85}
P.—¿Ha aumentado o disminuÃdo la población?
R.—Ha disminuÃdo más de la mitad.
P.—¿Predomina en el pueblo algún sentimiento de terror?
R.—Máximo. Se teme aun hablar lo inocente.
P.—La moneda que se acuña, ¿es de buena ley?
R.—La provincial es adulterada.
Aquà los hechos hablan con toda su horrible y espantosa severidad. Sólo la historia de la conquista de los mahometanos sobre la Grecia presenta ejemplos de una barbarización, de una destrucción tan rápida. ¡Y esto sucede en América en el siglo XIX! ¡Es la obra sólo de veinte años, sin embargo! Lo que conviene a La Rioja es exactamente aplicable a Santa Fe, a San Luis, a Santiago del Estero, esqueletos de ciudades, villorrios decrépitos y devastados. En San Luis hace diez años que sólo hay un sacerdote, y que no hay escuela ni una persona que lleve frac. Pero vamos a juzgar en San Juan la suerte de las ciudades que han escapado a la destrucción, pero que van barbarizándose insensiblemente.