Facundo
Facundo HabÃanse robado algunas prendas de la montura de un soldado, y todas las pesquisas habÃan sido inútiles para descubrir al raptor. Facundo hace formar la tropa y que desfile por delante de él, que está con los brazos cruzados, la mirada fija, escudriñadora, terrible. Antes ha dicho: «Yo sé quién es», con una seguridad que nada desmiente. Empiezan a desfilar, desfilan muchos, y Quiroga permanece{109} inmóvil; es la estatua de Júpiter Tonante, es la imagen del Dios del Juicio Final. De repente se abalanza sobre uno, le agarra del brazo y le dice con voz breve y seca: «¿Dónde está la montura?» «AllÃ, señor»—contesta, señalando un bosquecillo. «Cuatro tiradores»—grita entonces Quiroga. ¿Qué revelación era ésta? La del terror y la del crimen hecha ante un hombre sagaz. Estaba otra vez un gaucho respondiendo a los cargos que se le hacÃan por un robo; Facundo le interrumpe diciendo: «Ya este pÃcaro está mintiendo; ¡a ver... cien azotes...!» Cuando el reo hubo salido, Quiroga dijo a alguno que se hallaba presente: «Vea, patrón; cuando un gaucho al hablar esté haciendo marcas con el pie, es señal que está mintiendo.» Con los azotes, el gaucho contó la historia como debÃa de ser, esto es, que se habÃa robado una yunta de bueyes.