Facundo
Facundo El juego fué, pues, para Quiroga una diversión favorita y un sistema de expoliación. Nadie recibía dinero de él en La Rioja, nadie lo poseía sin ser invitado inmediatamente a jugar y a dejarlo en poder del caudillo. La mayor parte de los comerciantes de La Rioja quiebran, desaparecen, porque el dinero ha ido a parar a la bolsa del general, y no es porque no les dé lecciones de prudencia. Un joven había ganado a Facundo cuatro mil pesos, y Facundo no quiere jugar más. El joven cree que es una red que le tienden, que su vida está en peligro. Facundo repite que no juega más, insiste el joven atolondrado, y Facundo, condescendiendo, le gana los cuatro mil pesos y le manda dar doscientos azotes, por bárbaro.
Me fatigo de leer infamias, contestes en todos los manuscritos{128} que consulto. Sacrifico la relación de ellas a la vanidad de autor, a la pretensión literaria. Si digo más, los cuadros me salen recargados, innobles, repulsivos.
Hasta aquí llega la vida del comandante de campaña, después que ha abolido la ciudad, la ha suprimido. Facundo hasta aquí es como todos los demás, como Rosas en su estancia, aunque ni el juego ni la satisfacción brutal de todas las pasiones le deshonrasen tanto antes de llegar al Poder. Pero Facundo va a entrar en una nueva esfera, y tendremos luego que seguirlo por toda la República, que ir a buscarlo en los campos de batalla.