Facundo
Facundo La libertad de cultos, que el alto clero de Buenos Aires apoyó, no ha sido restringida; la población europea se disemina por las estancias, y toma las armas de su motu proprio para romper con el único obstáculo que la priva de las bendiciones que le ofreciera aquel suelo; los rÃos están pidiendo a gritos que se rompan las cataratas oficiales que les estorban ser navegados, y el Banco Nacional es una institución tan hondamente arraigada, que él ha salvado la sociedad de la miseria a que la habrÃa conducido el tirano.
Sobre todo, por lo fantástico y extemporáneo que fuese aquel gran sistema a que se encaminan y precipitan todos los pueblos americanos ahora, era por lo menos ligero y tolerable para los pueblos; y por más que los hombres sin conciencia lo vociferen todos los dÃas, Rivadavia nunca derramó una gota de sangre ni destruyó la propiedad de nadie, y de la presidencia fastuosa descendió voluntariamente a la pobreza noble y humilde del proscripto. Rosas, que tanto lo calumnia, se ahogarÃa en el lago que podrÃa formar toda la sangre que ha derramado; y los 40 millones de pesos fuertes del Tesoro nacional y los 50 de fortunas particulares que ha consumido en diez años, para sostener{142} la guerra formidable que sus brutalidades han encendido, en manos del fatuo, del iluso Rivadavia, se habrÃan convertido en canales de navegación, ciudades edificadas y grandes y multiplicados establecimientos de utilidad pública.