Facundo
Facundo Los católicos debieron quedar un poco dudosos de la importancia e idoneidad del auxilio que tan inesperadamente les venÃa. Pocos dÃas después, sabiendo que el cura de la Concepción era libertino, mandó traerlo con sus soldados, vejarlo en el tránsito, ponerle una barra de grillos, mandándole prepararse para morir. Porque han de saber mis lectores chilenos que por entonces habÃa en San Juan sacerdotes libertinos, curas, clérigos, frailes, que pertenecÃan al partido de la Presidencia. Entre otros, el presbÃtero{162} Centeno, muy conocido en Santiago, fué, con otros seis, uno de los que más trabajaron en la reforma eclesiástica. Mas era necesario hacer algo en favor de la religión para justificar el lema de la bandera. Con laudable fin escribe una esquelita a un sacerdote amigo suyo, pidiéndole consejo sobre la resolución que ha tomado, dice, de fusilar a todas las autoridades, en virtud de no haber decretado aún la devolución de las temporalidades.
El buen sacerdote, que no habÃa previsto lo que importa armar el crimen en nombre de Dios, tuvo por lo menos escrúpulo sobre la forma en que se iba a hacer reparación, y consiguió que se les dirigiese un oficio pidiéndoles u ordenándoles que asà lo hiciesen.