Facundo
Facundo »Quiera el pueblo de Buenos Aires persuadirse que la muerte del coronel Dorrego es el mayor sacrificio que puedo hacer en su obsequio.
»Saluda al señor ministro con toda consideración,
»Juan Lavalle.»
¿Hizo mal Lavalle? Tantas veces lo han dicho, que serÃa fastidioso añadir un sà en apoyo de los que después de palpadas las consecuencias han desempeñado la fácil tarea de incriminar los motivos de donde procedieron. Cuando el mal existe, es porque está en las cosas, y allà solamente ha de ir a buscársele; si un hombre lo representa, haciendo desaparecer la personificación, se le renueva. César asesinado renació más terrible en Octavio. Este sentir de Luis Blanc, expresado antes por Lherminier y{173} otros mil, enseñado por la Historia tantas veces, serÃa un anacronismo objetarlo a nuestros partidos educados hasta 1829 con las exageradas ideas de Mably, Reynal, Rousseau, sobre los déspotas, la tiranÃa, y tantas otras palabras que aun vemos quince años después formando el fondo de las publicaciones la Prensa.
Lavalle no sabÃa, por entonces, que matando el cuerpo no se mata el alma, y que los personajes polÃticos traen su carácter y su existencia del fondo de las ideas, intereses y fines del partido que representan.