Facundo
Facundo El general La Madrid, jefe del ejército, tenÃa entre sus súbditos al general López, especie de caudillo de Tucumán, que le era desafecto personalmente, y a más de que una retirada desmoraliza las tropas, el general La Madrid no era el más adecuado para dominar el espÃritu de los jefes subalternos. El ejército se presentaba a la batalla medio federalizado, medio montonerizado, mientras que el de Facundo traÃa esa unidad que dan el terror y la obediencia a un caudillo que no es causa, sino persona, y que, por tanto, aleja el libre albedrÃo y ahoga toda individualidad. Rosas ha triunfado de sus enemigos por esta unidad de hierro, que hace de todos sus satélites instrumentos pasivos, ejecutores ciegos de su suprema voluntad. La vÃspera de la batalla, el teniente coronel Balmaceda pide al general en jefe que se le permita dar la primera carga. Si asà se hubiere efectuado, ya que era de regla principiar las batallas por cargas de caballerÃa, y ya que un subalterno se toma la libertad de pedirlo, la batalla se hubiera ganado, porque el segundo de Coraceros no halló jamás, ni en el Brasil ni en la República Argentina, quien resistiese su empuje. Accedió el general a la demanda del comandante del segundo; pero un coronel halló que le quitaban el mejor cuerpo, el general López, que se comprometÃan al principio las tropas de élite que debÃan formar la reserva, según todas las reglas, y el general en jefe, no teniendo suficiente autoridad para acallar estos clamores, mandó a la reserva al escuadrón invencible y al insigne cargador que lo mandaba.