Facundo
Facundo Facundo despliega su batalla a distancia tal, que lo pone al abrigo de la infanterÃa que manda Barcala, y que debilita{224} el efecto de ocho piezas de artillerÃa que dirige el inteligente Arengreen. ¿HabÃa previsto Facundo lo que sus enemigos iban a hacer? Una guerrilla ha precedido, en la que la partida de Quiroga arrolla la división Tucumana. Facundo llama al jefe victorioso.—¿Por qué se ha vuelto usted?—Porque he arrollado al enemigo hasta la ceja del monte.—¿Por qué no penetró en el monte acuchillando?—Porque habÃa fuerzas superiores.—¡A ver, cuatro tiradores!... Y el jefe es ejecutado. OÃase de un extremo al otro de la lÃnea de Quiroga el tintÃn de las espuelas y de los fusiles de los soldados, que temblaban, no de miedo del enemigo, sino del terrible jefe que a su retaguardia andaba, corriendo la lÃnea y blandiendo su lanza de cabo de ébano. Esperan como un alivio y un desahogo del terror que los oprime que se les mande echarse sobre el enemigo; lo harán pedazos, romperán la lÃnea de bayonetas, a trueque de poner algo de por medio entre ellos y la imagen de Facundo, que los persigue como un fantasma airado. Como se ve, pues, campeaba de un lado el terror, del otro la anarquÃa. A la primera tentativa de carga desbándase la caballerÃa de La Madrid; sigue la reserva, y cinco jefes a caballo quedan tan sólo con la artillerÃa, que menudeaba sus detonaciones, y la infanterÃa, que se echaba a la bayoneta sobre el enemigo. ¿Para qué más pormenores? El detalle de una batalla lo da el que triunfa.