Facundo
Facundo Tal era la influencia que Rosas ejercÃa en 1834. El Gobierno de Buenos Aires se sentÃa cada vez más circunscrito en su acción, más embarazado en su marcha, más dependiente del Héroe del Desierto. Cada comunicación de éste era un reproche dirigido a su Gobierno, una cantidad exorbitante exigida para el ejército, alguna demanda inusitada; luego la campaña no obedecÃa a la ciudad, y era preciso poner a Rosas la queja de este desacato de sus edictos. Más tarde, la desobediencia entraba en la ciudad misma; últimamente, hombres armados recorrÃan las calles a caballo{252} disparando tiros, que daban muerte a algunos transeúntes. Esta desorganización de la sociedad iba de dÃa en dÃa aumentándose como un cáncer y avanzando hasta el corazón, si bien podÃa discernirse el camino que traÃa desde la tienda de Rosas a la campaña, de la campaña a un barrio de la ciudad, de allà a cierta clase de hombres, los carniceros, que eran los principales instigadores.