Facundo
Facundo Ocho días después otra parroquia anuncia su Tedéum; los vecinos se proponen rivalizar en entusiasmo y obscurecer la pasada fiesta. ¡Qué lujo de decoraciones; qué ostentación de riquezas y adornos! El retrato del Restaurador está en la calle en un dosel, en que los terciopelos colorados se mezclan con los galones y las cordonaduras de oro. Igual movimiento por más días aún; se vive en la calle, en la parroquia privilegiada. Pocos días después, otra parroquia, otra fiesta en otro barrio. ¿Pero hasta cuándo fiestas? ¡Qué! ¿No se cansa este pueblo de espectáculos?{273} ¿Qué entusiasmo es aquél, que no se resfría en un mes? ¿Por qué no hacen todas las parroquias su función a un tiempo? No; es el entusiasmo sistemático, ordenado, administrado poco a poco.
Un año después todavía no han concluído las parroquias de dar su fiesta; el vértigo oficial pasa de la ciudad a la campaña, y es cosa de nunca acabar. La Gaceta de la época está ahí ocupada año y medio en describir fiestas federales. El retrato se mezcla en todas ellas, tirado en un carro hecho para él, por los generales, las señoras, los federales netos. «Et le peuple, enchanté d'un tel spectacle, enthousiasmé du Tedéum, chanté moult bien a Notre-Dame, le peuple oublia qu'il payait fort cher tout, et se retirait fort joyeux»[38].