Facundo
Facundo Pues bien: Rosas ha conseguido que en sus estancias, que se unen con diversos nombres desde los cerrillos hasta el arroyo Cachagualefú, anduviesen los avestruces en rebaños, y dejasen, al fin, de huir a la aproximación del gaucho; tan seguros y tranquilos pacen en las posesiones de Rosas, y esto mientras que han sido ya extinguidos en todas las adyacentes campañas. En cuanto al cuchillo, ninguno de sus peones lo cargó jamás, no obstante que la mayor parte de ellos eran asesinos perseguidos por la Justicia. Una vez él, por olvido, se ha puesto el puñal a la cintura, y el mayordomo se lo hace notar; Rosas se baja los calzones y manda que se le den 200 azotes, que es la pena impuesta en su estancia al que lleva cuchillo.