Facundo
Facundo Pero hay otra parte de la sociedad que es preciso moralizar, enseñar a obedecer, a entusiasmarse cuando deba entusiasmarse, a aplaudir cuando deba aplaudir, a callar cuando deba callar. Con la posesión de la Suma del Poder público, la Sala de Representantes queda inútil, puesto que la ley emana directamente de la persona del jefe de la República. Sin embargo, conserva la forma, y durante quince años son reelectos unos 30 individuos que están al corriente de los negocios. Pero la tradición tiene asignado otro papel a la Sala; allí Alcorta, Guido y otros han hecho oír en tiempo de Balcarce y Viamonte acentos de libertad y reproches al instigador de los desórdenes; necesita, pues, quebrantar esta tradición y dar una lección severa para el porvenir.